sábado, 21 de abril de 2018

El látigo, la nueva forma de lidiar con los acosadores







Una dominatriz les enseña a las mujeres las estrategias retóricas para usar en situaciones en las que hay un desequilibrio de poder con un hombre.
      


   Así que te gusta romper las reglas, no?, le preguntó Kasia Urbaniak al hombre calvo sentado frente a ella. O te gusta meterte en problemas? Eso es bastante ambicioso; que hayas venido acá y de inmediato hayas hecho algo que amerite un castigo. Ni siquiera tuve tiempo de sopesar qué tipo de castigo necesitás.

   Urbaniak caminó de un lado a otro del escenario con sus botas de cuero de plataforma y altos tacones. Una audiencia formada por más de cien mujeres profesionales observaba su demostración en el salón de un espacio laboral compartido en el centro de Manhattan. Tomaron notas con mucha atención y, al ver la señal, levantaron de inmediato la mano para ofrecerse como voluntarias para subirse al escenario y participar en juegos de rol.

  Urbaniak, de 39 años, trabajó como dominatriz durante 17 años, de manera independiente, en diversos sótanos de Nueva York. Ahora, en un nuevo lugar que ella denominó La Academia, enseña a las mujeres lo que ha aprendido acerca de los hombres. En un momento de ajuste de cuentas cultural en cuestiones de género y de acoso, la Academia es uno de esos nuevos espacios poco convencionales que han surgido para combatir el acoso, la discriminación y el sesgo machista.

   Para Kasia Urbaniak, lo que importa no es el látigo de cuero. Su misión es enseñarles a las mujeres cómo emplear las herramientas retóricas clásicas de las dominatrices en situaciones en las que hay un desequilibrio de poder con un hombre, ya sea que haya sexo de por medio o no. Tales situaciones se dan en cualquier lado.

   Ya identificaron el patrón de conducta del acosador?, preguntó Urbaniak desde el escenario, en referencia a los momentos que las asistentes habían vivido. Ante una pregunta incómoda o un comentario inapropiado, hay un momento en que las mujeres nos quedamos sin palabras y nos paralizamos.

   Cuando inició su formación para convertirse en dominatriz, Urbaniak descubrió que el truco era el siguiente: en lugar de contestar una pregunta o negarse a hacerlo, hay que contestarle al cliente con otra pregunta: ¿por qué preguntó eso para empezar? Cuando responda, hay que explorar más a fondo su respuesta.

   Las estudiantes practicaron la técnica con ejemplos del mundo real con ayuda de Urbaniak y de un grupo de voluntarios invitados que representaron a un hombre entrometido en una cita o a un ejecutivo de Hollywood que acaba de desprenderse el cinturón de su bata de baño.  

El pregunta:  Tus hijos son todos del mismo padre?
Entonces, ella pregunta: Estás teniendo una fantasía de que me acuesto con varios hombres?

   Las réplicas pueden ser ingeniosas, amables, mordaces o sencillamente ayudar a cambiar el tema. Poner a prueba la reacción que provocan es informativo, además de divertido. Ellos quedan atolondrados y así vos recuperás el control de la situación, explicó Urbaniak.

   La Academia fue establecida en 2014 por Urbaniak, graduada del Bard College, y un socio creativo, Ruben Flores, quien trabajó en el grupo de ayuda humanitaria NCY Medics. Los cursos se basan en el BDSM (una sigla en inglés que agrupa a Bondage y Disciplina; Dominación y Sumisión; Sadismo y Masoquismo), en las artes marciales taoístas, en los libros de César Millán para entrenar a perros y en las tácticas de negociación de organizaciones no gubernamentales para la liberación de rehenes.

   La Academia recurre a las herramientas psicológicas del acervo de una dominatriz, más que a las físicas, como las esposas o látigos. Y es que el BDSM usualmente busca expresarse contra los roles de género establecidos, que promueven que las mujeres tengan posiciones sociales sumisas y que los hombres sientan que tienen que ser los sexualmente dominantes; esto es lo que los hace recurrir a las dominatrices para escapar. Urbaniak concluye:  Se educa a las mujeres en la sociedad para que sean dóciles como gatitos. Los hombres piensan que tienen que ser una especie de macho alfa.

Alice Hines

Fuente

sábado, 14 de abril de 2018

La historia de la bota femenina. Hugh Hefner y las Jet Bunnies






   En 1969, como símbolo de su creciente poder corporativo y para alardear ante sus competidores, Hugh Hefner decidió comprar para su imperio Playboy un avión jet DC-9, al cual redecoró a su estilo con dormitorios de lujo, un salón de estar con cine y juegos de casino, una disco y hasta un baño romano. El costo total del juguete volador de Hugh fue de nueve millones de dólares, lo que se estima en cincuenta y cinco millones de hoy. Bautizado The Big Bunny, el avión fue pintado de negro con el célebre logo - conejo de Playboy de blanco en la cola. Un juego de luces permitía ver al conejo desde muy lejos cuando despegaba o aterrizaba por las noches.

   La tripulación del avión se componía de cuatro o cinco chicas que habían sido entrenadas como azafatas, además de ser conejitas reclutadas en los clubes de Hefner. El uniforme de las Jet Bunnies, que así se llamaban, sería hoy considerado como un traje fetichista pero a fines de los sesenta sólo seguía la moda dictada por los diseños innovadores de Pierre Cardin y Paco Rabanne que hacían furor en las pasarelas. 




   Las Jet Bunnies lucían en los vuelos un escotado minivestido de material vinílico brillante y de aspecto húmedo (el efecto se llamaba wet look) que se combinaba con un largo pañuelo blanco. La insinuación fetish era rematada por el calzado; unas deliciosas botas negras que llegaban apenas por encima de las rodillas, donde se cerraban con una tira que se ajustaba por una hebilla, lo que permitía un ajuste perfecto para cada pierna, un detalle que bien podrían tomar en cuenta los diseñadores de hoy, cuyas botas parecen hechas sólo para topmodels o chicas con piernas ultradelgadas. En aquella época, las botas y el traje de las Jet Bunnies las ponían al tope de la vanguardia en la moda femenina.  

   Si el uniforme de la flight assistance siempre formó parte de las fantasías de muchos hombres que desean ver a las mujeres en un rol sumiso, no deja de llamar la atención que justamente alguien como Hefner haya deseado que sus Jet Bunnies se parecieran más a las dominatrices clásicas que a sumisas asistentes dispuestas a complacer deseos masculinos.

   Para la misma época, algunas líneas aéreas comerciales también comenzaron a explotar el boom en la moda de las botas. La más recordada es Southwest Airlines. Sus azafatas se destacaban entre todas las demás por su uniforme naranja con botas blancas a la rodilla y cinturones de hebilla ancha. 





  Mi amiga sissy Merceditass les dedicó  un posteo en su blog a estas preciosidades de los cielos de los años sesenta y no quiero dejar de reconocérselo. La flight assistance es una de las fantasías sissy por excelencia y calzar botas las vuelve mucho más sexies y osadas. Estas son las fotos que Merce encontró y publicó. Deliciosas muñecas de los sixties, las chicas visten coloridos minivestidos con diseños geométricos muy al estilo Courreges, que se combina a la perfección con las botas rosadas y los sombreritos. 













   Pero esta historia no termina en la década del sesenta. La fantasía de la azafata fetish que se pavonea con botas mientras recorre los aviones se ha actualizado en el cine de las últimas décadas. En el film Soul Plane (2004), Sofía Vergara se hace cargo a su manera del control de un avión, con botas doradas y un minivestido violeta brillante que nos hace recordar al wet look de las azafatas de Hefner. 





  
   En View from the top (2003), las rubias Gwyneth Paltrow y Christina Applegate se calzan botas violetas de media caña haciendo juego con su escotado y vistoso uniforme.  





   Hugh Hefner, fallecido el año pasado a los noventa y un años, fue un polémico propulsor de una forma de sexualidad que fue a la vez revolucionaria para su tiempo y agriamente criticada por el feminismo durante décadas. Sin buscar entrar en polémicas, quise dedicarle esta entrada a las Jet Bunnies y a sus sucesoras porque creo que también Playboy debe tener su parte, aunque pequeña y acotada a un traje de azafata sexy, en la gran historia de la bota fashion femenina como símbolo del poder sexual de las mujeres.









sábado, 7 de abril de 2018

El beso de la mujer Vampira





   Ciertas mujeres arrastramos el destino de ser aves nocturnas y extravagantes: mujeres que cuanto más gélidas y oscuras nos mostramos, más cachondas nos ponemos. Pareciera que el llevar los asuntos cotidianos, laborales, familiares y sociales durante el día nos predispusiera a comprometernos en aventuras apasionadas y lujuriosas cuando la noche cae y se nos despierta la vampira interior. 

   No nos asusta la oscuridad, a la Maléficas nos alcanza con una tenue penumbra donde acomodarnos las capas, hacer brillar las melenas junto con el maquillaje vistoso y las botas de charol. El atuendo negro centellea sobre mis tetas; junto a mi cara es lo único que muestro de mi piel de nieve. La luz de vampiresa arroja tanto resplandor que mi esclavo marido vive encandilado. Soy su Venus nocturna, el lucero que más brilla por las noches en el cielo del amor Femdom. Night time is the right time.

   Mis víctimas ni se enteraron de lo que les espera. Todavía no los conozco, ni ellos a mí. Pero sé que en algún lado se están preparando porque fantasean con que esta va a ser su noche, que esta noche van a ponerla. Lo que no saben es que si nos cruzamos en algún sillón, cama o asiento trasero, después de ponerla, después de acabarme y entibiar mis tetas con su leche, lo que van a intentar, casi desesperados, casi rabiosos, es besarme en la boca.  Van a desear mezclar sus lenguas con la mía, profunda y devoradoramente. Yo no lo deseo y ellos no lo planearon, pero les va a salir de adentro, desde el alma. Pareciera que algún mecanismo desconocido de la psiquis masculina los predispone a que después del disparo del semen le debe seguir el intercambio de salivas como si la Señora Vampira fuera una noviecita que necesita algún acto romántico como remate del sexo.

   No deja de ser gracioso que al final de la historia, ellos quieran tener conmigo el mismo gesto de amor que tendrían con las buenas chicas. Lo que no se dan cuenta es que la historia ya terminó o, mejor dicho, nunca empezó. Entre ellos y yo, sólo me interesa un rato de sexo, dominarlos, jugar con ellos and that´s all! Yo no quiero compromisos pero tampoco garantizo nada que evite el enamoramiento. Yo lo hago porque me place y para Mí sólo vale Mi placer hedonista y egoísta.

   He leído tantas pavadas en los sitios BDSM acerca de si las Dóminas deben permitir o no que sus partenaires masculinos las penetren. Para los expertos en BDSM y para sus seguidoras, el BDSM nunca debe ser confundido con sexo fácil. Gozar con la virilidad de los hombres y usarla para nuestro placer nos aleja del verdadero BDSM y nos convierte en indignas de pertenecer a la comunidad. Además de pacatas y aburridas, quienes así piensan son ignorantes.Todavía viven en la época en que la penetración era sinónimo de poder machista y las mujeres penetradas eran sumisas. El límite más transgresor en el sexo no es el coito libertino al que el sado del Marqués hace tantas y tantas referencias sino el ser besada en la boca por tu amante masculino.

   Hace algún tiempo, mi querida amiga sissy gerita me preguntó candorosamente: Perdone mi atrevimiento Mistress, pero tengo una curiosidad : un tierno beso con una sissy lindamente vestida y con un femenino rouge...seria posible? Porque no son sólo los varones, mis sumisos espontáneos, los que buscan mucho más besarme en la boca que el sexo genital. Las chicas cross con las que comparto noches de sexo en las fiestas mixtas  de los miércoles en Class, también parecen tener un radar especial para detectarme en medio de la oscuridad de los reservados. A algunas de ellas las bauticé, con humor y sin maldad, las hienas. Son las expertas en saciarse con los restos varoniles que quedaron excitados por la voracidad de la Leona pero fueron dejados de lado porque no pudieron cumplir con mis exigencias. Pero hay otras, más sutiles, que me rodean buscando compartir conmigo un femenino momento lésbico. Ellas son mis Princesas Fálicas. Con algunas de ellas, no con todas, nos besamos y nos amamos sin pudores ni tabúes. Al terminar, nos pintamos la boca juntas en el baño de mujeres, felices y divertidas por haber compartido nuestra fiesta femenina.

   El bondage, el pene, las tetas, el culo, el flogger, el sado, el cepo, el semen, la cruz de San Andrés, el latex y todo lo que se les ocurra soportan perfectamente todo tipo de sesión sin amor y por puro goce sensual pero el beso de lengua post sesión a hombres que no sean mi esposo así como un posterior encuentro a solas son negados casi rutinariamente. Por momentos, parece imposible evitar el enamoramiento romántico en el irrepetible estreno del sexo fetish. Pero así debe ser. Por eso, aunque siempre quieras más, si te gustó lo que vivimos, si gozaste siendo el sex toy de una mujer dominante, date por satisfecho y nunca me invites a salir días después ni mucho menos se te ocurra la pretensión de besar los labios de rubí, de rojo carmesí, de la Señora del Sado, de la mujer Vampira, tan sensual y femenina.






domingo, 1 de abril de 2018

Cassandra Cass



  The woman who sits before you now has spent over $250,000 on her transition. The only thing I haven't had done is my heart. I have had my nose, my cheeks, my lips, my teeth, my jaw, my Adam's apple, my boobs, my hips and my booty done, and I now have an "inny" instead of an "outy" or to make it more blunt - I have a vajayjay.

   I wanted to be pretty. For me I didn't want to be an ugly woman. I didn't want to be a basic, simple woman. I wanted to be type of girl who would walk in to room and people would notice.  I love the fantasy of burlesque. I can be Jessica Rabbit.

Cassandra Cass



   Cassandra Cass ha sido por años protagonista de reality shows de la televisión de Estados Unidos, programas siempre dispuestos a explotar el morbo del muchacho de un pequeño y conservador pueblo del interior que se convirtió en una exhuberante mujer que vive como una estrella de Hollywood gracias  a toda clase de cirugías y tratamientos, en los que se gastó doscientos cincuenta mil dólares. No hace falta preguntar como los obtuvo. En su afán por emular aún más a Jessica Rabbit, Cassandra quería que le quitaran dos costillas para hacer más fina su cintura pero desistió de la operación porque le advirtieron que iba a tener problemas para respirar.

   En el topten de videos de la semana pasada, Cassandra aparecía en una alfombra roja con un ajustado vestido sirena en tonos dorados y operagloves, firmando autógrafos y posando para las cámaras como la diva que siempre quiso ser.  En este calendario, el divismo toma la forma de personajes de cosplay y Cassandra hace realidad su sueño travestida de Jessica Rabbit, Pretty Woman, Bettie Page y Wonderwoman.

   Cassandra ya no es una nena. Tiene cuarenta años. Si su propósito en la vida es lo afirmó en su frase del primer párrafo, no hay duda que lo ha conseguido; se ha convertido en la clase de chica que jamás va a pasar desapercibida. No quiso ser una chica sencilla, quiso ser bella y vistosa y lo ha logrado. Cassandra me despierta toda clase de fantasías perversas pero tanta deliciosa artificialidad también me hace preguntarme sobre cual será su destino como ser humano en los próximos años.  




Enero





Febrero



Marzo




Abril



Mayo




Junio



Julio




Agosto




Septiembre




Octubre





Noviembre



Diciembre




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